The-Whistleblower-Who-Tried-to-Stop-the-Iraq-War-Katharine-Gun’s-Risky Leak (Español)
▶ Watch on StoryloA principios de 2003, cuando Gran Bretaña y Estados Unidos se preparaban para la guerra en Irak, una joven traductora que trabajaba para el GCHQ se enfrentó a una decisión extraordinaria. Catherine Gunn tenía 28 años y trabajaba como traductora de mandarín en la agencia de inteligencia británica. Su trabajo implicaba manejar información altamente clasificada y estaba sujeta a estrictas leyes de secreto. El 31 de enero de 2003, leyó un correo electrónico enviado por un funcionario de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El mensaje solicitaba asistencia británica para reunir inteligencia sobre diplomáticos de varios países del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En ese momento, esos países se consideraban cruciales porque su apoyo podría influir en el respaldo internacional a la acción militar contra Irak. Gunn dijo más tarde que creía que la operación tenía la intención de ayudar a asegurar apoyo para la guerra que se avecinaba. Inquieta por lo que había leído, se enfrentó a una elección difícil. Permanecer en silencio y continuar su carrera o arriesgarlo todo revelando el documento. Ella eligió actuar. El memo clasificado se filtró al periódico Observer y fue publicado el 2 de marzo de 2003. La historia hizo titulares en todo el mundo y sumó al creciente debate público sobre la guerra de Irak. Se inició una investigación para encontrar la fuente de la filtración. Gunn finalmente admitió la responsabilidad y fue acusada bajo la Ley de Secretos Oficiales. Si era condenada, enfrentaba la posibilidad de prisión. Pero a medida que se acercaba su juicio, un giro inesperado cambió todo. En febrero de 2004, los fiscales anunciaron que no presentarían pruebas en su contra. El caso fue archivado y Catherine Gunn salió libre. El gobierno nunca proporcionó una explicación pública completa por abandonar la acusación y el debate continúa sobre las razones detrás de la decisión. Sin embargo, para Gunn, las consecuencias no terminaron allí. El empleo se volvió difícil. Las presiones financieras siguieron. Al mismo tiempo, luchaba por el derecho de su esposo turco a quedarse en el Reino Unido. Finalmente, se mudó a Turquía, donde se centró en criar a su joven hija. Diez años después de la filtración, Gunn reflexionó sobre sus acciones. Dijo que no tenía remordimientos. Lo que más le decepcionó fue la sensación de que a pesar de la filtración, a pesar de las protestas públicas y a pesar de millones de personas marchando contra la guerra, la invasión aún se llevó a cabo. Sin embargo, sus acciones han continuado resonando. Daniel Ellsberg, quien filtró los Papeles del Pentágono durante la Guerra de Vietnam, llamó a su divulgación una de las filtraciones más valientes que había visto. A diferencia de muchos denunciantes, Gunn actuó antes de que ocurriera el evento que intentaba prevenir. Catherine Gunn no detuvo la guerra de Irak, pero su historia sigue siendo un poderoso ejemplo de una persona que elige la conciencia sobre la carrera, aceptando un enorme riesgo personal con la creencia de que el público merece saber lo que está sucediendo tras puertas cerradas. Más de 20 años después, sus acciones continúan planteando preguntas importantes sobre el secreto, la responsabilidad y las responsabilidades de la ciudadanía en una democracia.